martes, 31 de mayo de 2011

Urano el Cielo Estrellado

En el principio sólo gobernaba el Caos, un abismo infinito, la no forma, quien seguramente  cansado de tanta soledad,  dejó que brotaran de él  los primeros dioses. La primera en surgir fue Gea, la inmensa madre tierra de cálido seno.

De Caos también brotó Eros, el eje de todas las pasiones, y que según Hesíodo, es “el más amable de todos los dioses”. De la misma manera nacieron Erebo (la Oscuridad) y Nyx (la Noche), quienes al ser tocados por Eros se enamoraron y lograron que de su oscuro amor nacieran Éter (la Luz del cielo) y Hemera (el Día).

Gea también fue acariciada por el amor, y en su empeño de encontrar  un compañero semejante a ella, fecunda y hermosa, engendró desde su sueño a Urano, El Cielo Estrellado que nació contemplándola mientras aún dormía. Exaltado por la magia de saberse enamorado, El Gran Cielo desbordó su pasión y ternura a través de una lluvia  fértil que derramó sobre las grietas ocultas de Gea, de las cuales nacieron hierbas, flores y árboles con las aves y animales  propios para cada planta. Así mismo, la lluvia avivó el nacimiento de los lagos, ríos y mares.
Urano y Gea se fundieron en pasiones, y formaron, quizás, la primera pareja en consolidar un reino que hasta ese entonces estaba constituido por todo cuanto se había creado. Así, de las múltiples veces que él se extendía sobre su reina y esposa, emergían seres muy especiales, de características únicas.

No obstante, el impredecible Urano sintió temor de que alguno de sus  hijos pudiera arrebatarle el título de soberano y obligó a la madre tierra a encerrar en su seno los hijos que ésta amablemente le daba. La unión dio origen a tres Hecatónquiros, seres de cincuenta cabezas y cien brazos, llamados Coto, “el que golpea”; Briáreo, “el fornido” y Gíes, “el de muchos miembros”. Igualmente engendraron a tres Cíclopes: Brontes, Esterope y Arges, los cuales poseían un solo ojo redondo incrustado en la frente y, finalmente a los Titanes: Océano, Ceos, Creos, Hiperión, Jápeto, Cronos (Saturno); y  a las Titanesas: Tetis, Febe, Euribia, Tía, Climena y Rea.

Cansada de la tiranía de su esposo y, aún más, conmovida por el dolor en su interior, Gea propuso a sus hijos destronar a Urano. Sin embargo, sólo uno accedió ayudar a su madre: Cronos, “el tiempo”, el menor de los titanes. Para lograr el plan que se habían trazado, Gea produjo el hierro con el cual fabricó una hoz de afilados dientes y ocultó a Cronos en el lugar  indicado.
Al llegar la noche, Urano acudió a Gea y, para ejecutar su ritual favorito, se extendió sobre ella. Seguidamente el Titán ejecutó lo convenido: sacó la mano, agarró a su padre y le cercenó los genitales, los cuales arrojó a su espalda. De la sangre derramada que cayó sobre la tierra nacieron las Erinias o las Furias, diosas infernales de la venganza, encargadas de castigar a los parricidas; los Gigantes y las Ninfas del Fresno.

La sangre que cayó al mar produjo una gran ola de espuma, de la cual emergió Afrodita, que significa nacida de la espuma. 


Imagen del pintor Botticelli
El nacimiento de Venus


Nunca más Urano volvió a acercarse a la tierra, el Cielo Estrellado se alejó de tal manera que ningún ser mortal o inmortal pudiera acceder fácilmente a él. Es así como lo observamos en la actualidad, lleno de maravillosas constelaciones y misterios que sólo él conoce y así, tal como quedó, lejano, extenso e inspirador de cualquier sueño, de la misma forma en que él fue creado.

Autor: Profa. Rosario Suárez
contacto@escueladeastrologia.com

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